lunes, 29 de diciembre de 2008

Me fui

Foto: Kunstlab

Hace días, sino es un mes, que estoy ida. Totalmente ida, aunque el bolso esté aún a medio armar. Ida de que me fui, de que aunque estoy no estoy. Ni yo se adónde, pero me fui. Duermo, pero sin descanso. Como, pero sin degustar. Ando, pero sin avanzar. Converso, río, brindo, amo, trabajo, puteo, saludo, vuelvo a brindar, cocino, limpio, redacto, brindo otra vez, me emborracho, camino, me acuesto tarde, me despierto temprano, cuento anécdotas que enseguida olvido. Y estoy. Así, como pendiendo de un hilo: ida del mate, ida del cuerpo, ida del alrededor, ida de la rutina, ida de las sorpresas. Ida. Totalmente ida. Chau, hasta el año que viene. Me fui.

sábado, 27 de diciembre de 2008

Familia doble faz

Si se pudieran grabar, desgrabar y leer las conversaciones familiares de las cenas de Año Nuevo, nos haríamos un festival con los subtextos, las indirectas, los matices en los tonos de voz. Esa es la doble faz de la familia que promueven estos días: la de una familia con mamá y papá y abuelos y tíos y cuñados y consuegros y primos y cónyuges que forman una coreografía ambientada con ensalada rusa, matambre y tomates cherry. Una familia, además, por encima de la línea de pobreza, esto es: una familia con copas. En esa familia imaginaria que, sin embargo, funciona como el molde en el que muchos no encajan, hubo casamientos como Dios manda. Heterosexuales y con fiesta en un salón.

El problema con ese tipo de familia es que existe, y en abundancia. Pero existen también muchísimos otros tipos de familias que no salen en las publicidades de desodorizantes de ambientes ni de jabón en polvo. Hay cantidad de madres que disfrutan de que sus hijos sean los que usan las medias más blancas. Y hay cantidad de madres a las que jamás se les pasó por la cabeza qué tan limpias deben estar las medias de sus hijos como para que ellas se sientan “verdaderas” madres.

Nota: Extracto de "El año nuevo y las diferencias", una columna de Sandra Russo publicada hoy en la contratapa de Página/12.

viernes, 26 de diciembre de 2008

Morocha, ¿yo?

Dicen que soy morocha. Pero esa es una novedad para mí. Hasta que llegué a Buenos Aires nunca nadie me había dicho morocha. Y yo, que de niña era rubita y con rulos (juropordios), jamás pensé que para alguien yo pudiera ser morocha. Entiendo que tengo ojos oscuros y piel trigueña. Pero mi pelo es castaño. Y si quisiera, podría desparramarme mi mechón más rubio (sale de un lunar en la mitad de la cabeza) por toda la cabellera y hacer creer que tengo reflejos naturales. Ya sé que desde hace muchos, muchos años no soy más la nena rubita con rulos. ¿Pero de ahí a que me digan morocha? No señor. En todo caso, soy castaña, ¿no ve?

Ayer me volvieron a decir morocha y yo volví a defender mi castaño. Hoy retrucaron, y me regalaron el tema que cuelgo aquí. De pronto me gustó esto de ser morocha.



miércoles, 24 de diciembre de 2008

Y ahora qué

Muchas veces me pregunto, ¿y ahora qué? Y muy pocas veces tengo la respuesta, sino que la respuesta misma, aunque no se si la precisa, se ocupa de ese espacio vacío. Y sigo andando, voy, vengo, me detengo, al compás de esa respuesta que llegó sola. Hoy me desperté otra vez preguntándome ¿y ahora qué? Luego me olvidé, hasta hace un ratito nomás, cuando escuché Ahora que, de Sabina. Me quedé tarareándola, buscando allí la respuesta. Ella dirá cómo sigo, supongo. Se las dejo, por si tienen ganas de tararearla conmigo.

viernes, 19 de diciembre de 2008

Terror


No puedo quitarme de encima la cara de terror de este niño keniano. El niño está aterrorizado por culpa de un policía que no hay dudas que lo amenaza, armado. Lo que es peor: el niño fue sorprendido por este policía malparido mientras jugaba en la puerta de su casa. Tan indefensa su casa, como el terror espontáneo, tan espontáneo, de este niño que jugaba en la puerta de su casa. Entonces imagino las villas de emergencia de Buenos Aires rodeadas de gendarmes armados. No quiero pensar qué pasó después de que esa fotografía fuera tomada. No puedo, no quiero, quitarme esa carita de terror de encima.

Nota: La foto, de AFP, es de enero de este año, y forma parte de una recopilación de imágenes impactantes de 2008. Para verlas a todas, aquí.

jueves, 18 de diciembre de 2008

No me jodan

Más allá del bien y el mal. ¿Qué querrá decir? Digo, cuando uno dice que se siente más allá del bien y el mal. ¿Es que está en el infinito? ¿Es que pasó a la estratosfera? ¿Es que está out del sistema? ¿O acaso el bien y el mal lo abarcan todo, incluso el más allá? Yo no sé hasta dónde llega el más allá. No sé, siquiera, si existe. Ni sé tampoco cuándo se está fuera del bien y el mal. Si es posible, o no (no voy a leer a Nietzsche para escribir este post, no insista). Pero por estos días me suena lindo, como con musiquita: “Estoy más allá del bien y el mal”. Es como decir “no tengo ganas, no me jodan”, ¿no?

miércoles, 17 de diciembre de 2008

De actor de reparto a “hombre del año”

Llega fin de año y, con él, los “balances nefastos”, como dice JPM. Lo cierto es que toooodo el mundo hace balances, y los medios no se quedan atrás (una fácil forma de rellenar ante la falta de contenido o la pereza de buscar) . Como siempre, muchos eligen las noticias o personalidades más destacadas del año. Así, Barack Obama es “el” hombre de 2008. Lo dice la revista Time.

lunes, 15 de diciembre de 2008

Cadena de puteadas

Cadena. Suena feo. Suena a esclavitud, a desazón, a injusticia, a asfixia, a “cuidado que no te roben”, a relaciones enfermizas. Aunque, claro, también hay cadenas de favores, de juegos, de conexiones, comunicaciones, llamados a la solidaridad, búsqueda de personas, causas humanitarias, y otras tantas que, parece, no quieren controlar nada (¿o sí?). A mí no me gusta la palabra cadena. En seguida pienso en las que me regalaron cuando tomé la comunión y cuando cumplí los 15, pero que no debía usar porque costaban mucho y las podía perder. O en la cadena de la de la bici, donde una vez metí la pata y me corté feo. O esa gruesa que usábamos para atar a mi perro cuando había que bañarlo. Ahora hay otras cadenas: confusas, interminables, inentendibles, que fogonean, generan dobles sentidos, malas interpretaciones, enojos, ofensas, puteadas… Pero a mí las cadenas de mail me divierten. Sobre todo cuando 20 personas pretenden ponerse de acuerdo y organizar un asado vía mail. Al final, las puteadas en cadena valen la pena. Aunque el asado se arrebate.

domingo, 14 de diciembre de 2008

Con mi vaso bien lleno

Siempre los habrá, vacíos. Tan vacíos como cuando quiero estar y no puedo. Como cuando intento escuchar y no me alcanza el oído. Como cuando busco imaginar y todo se ennegrece. Como cuando deseo decir y me silencia el bullicio. Siempre los habrá, vacíos. Pero el recuerdo me ayuda a llenarlos. Pero el vaso rebalsa cuando los pienso, como anoche, haciendo los mismos pasitos que inventábamos en los bailes de colegio, en los viajes, en los carnavales. Anoche brindé por los años, por la distancia, por los recuerdos, por el barrio, por los casamientos que me perdí, por los sobrinos que aún no conocí, por las historias que aún no pude compartir. Anoche brindé y bailé con Vasos vacíos, pero con mi vaso bien lleno.




Nota: para mis amigos de Tucumán, ¡salú!

jueves, 11 de diciembre de 2008

Las más democráticas

Copio aquí, vía el blog Intoxicadas (de periodismo), las frases más democráticas de los últimos 25 años. Pasen, miren, acoten y, sino, “que sea lo que Dios quiera”*.

- “El peronismo triunfará conmigo o sinmigo”. Herminio Iglesias, candidato a gobernador del PJ bonaerense (1983).

- “Con la democracia se come, se educa, se cura”. Raúl Alfonsín y su muletilla de campaña electoral (1983).

- “Quiero utilizar una frase que no me pertenece, que pertenece ya a todo el pueblo argentino: ¡Nunca más!”. Julio Strassera, al finalizar el alegato del juicio a las Juntas (1985).

- “A vos no te va tan mal, gordito”. Raúl Alfonsín a un manifestante de izquierda que lo estaba hostigando y decía tener hambre, en un acto público en Neuquén (1987).

- “Hoy podemos dar gracias a Dios: la casa está en orden y no hay sangre en la Argentina. ¡Felices Pascuas!”. Raúl Alfonsín, al final de la primera rebelión carapintada (1987).

- “Les hablé con el corazón y me contestaron con el bolsillo”. Juan Carlos Pugliese, ministro de Economía, intentando frenar una corrida bancaria (1989).

- “Síganme, que no los voy a defraudar”. Carlos Menem, campaña presidencial (1989).

- “No me atosiguéis”. Isabel Perón, cuando le preguntaron si iba a votar por Carlos Menem (1989).

- “Estamos mal, pero vamos bien”. Carlos Menem, al principio de la convertibilidad (1991).

- “En mil días vamos a poder tomar agua del Riachuelo”. María Julia Alsogaray (1993).

- “Estoy parado en un nido de víboras”. Gustavo Beliz, ministro del Interior de Menem, antes de renunciar (1993).

- “Atravesaremos la estratosfera y en dos horas estaremos en Japón”. Carlos Menem, anunciando futuros viajes espaciales, en la apertura del ciclo escolar en Salta (1996).

- “En este país tenemos que dejar de robar por dos años”. Luis Barrionuevo (1996).

- “Hay que meterle bala a los delincuentes”. Carlos Ruckauf durante la campaña para la gobernación (1999).

- “Menem lo hizo”. Spot publicitario de Menem en el último año de su gobierno (1999).

- “Dicen que soy aburrido”. Campaña publicitaria de Fernando de la Rúa (1999).

- “Para los senadores, tengo la Banelco”. Alberto Flamarique, ex ministro de Trabajo, según Hugo Moyano (2000).

- “Que se vayan todos”. Grito popular en los cacerolazos (2001).

- “Vamos a tomar el toro por las astas. En primer lugar, anuncio que el Estado argentino suspenderá el pago de la deuda externa”. Adolfo Rodríguez Saá, en su discurso de asunción (2001).

- “No me eligieron por mi prontuario sino por mi inteligencia”. Carlos Grosso, al explicar su fugaz reaparición como asesor de Rodríguez Saá (2001).

- “El que depositó dólares, recibirá dólares”. Eduardo Duhalde (enero de 2002).

- “La Argentina es un país condenado al éxito”. Eduardo Duhalde. (2002)

- “Ayúdenme a salir del infierno, solo no puedo”. Néstor Kirchner, poco después de asumir (2003).

- “General, proceda”. Néstor Kirchner, al ordenarle al jefe del Ejército que descolgara el cuadro de Videla en el Colegio Militar (2004).

- “Cuando a alguien le ponen escollos para gobernar, no es libreto peronista es más bien un guión de Francis Ford Coppola, es El Padrino”. Cristina Kirchner lanza su campaña a senadora bonaerense con una dura alusión a Duhalde (2005).

- “El próximo presidente será pingüino o pingüina‘”. Néstor Kirchner, al blanquear el plan de sucesión matrimonial (2007).

- “¡Traigan al prófugo!”. Néstor Kirchner, al reclamarla extradición de Antonini Wilson, por el caso de la valija (2007).

- “Son los piquetes de la abundancia”. Cristina Kirchner, al cuestionar los cortes de ruta de los productores rurales (2008).

- “La soja es casi un yuyo que crece sin cuidados”. Cristina Kirchner, al explicar su plan de retenciones (2008).

- “Odio a la oligarquía, odio a los ricos, odio a los blancos”. Luis D’Elía, en pleno conflicto con el campo (2008)

- “Mi voto no es positivo”. Julio Cobos, al rechazar en el Senado la ley de retenciones móviles (2008).


* Eduardo Duhalde, al enviar un proyecto para instrumentar el canje de la plata del corralito, en abril de 2002 (Yo me acordé de esta, ¿ustedes?).

miércoles, 10 de diciembre de 2008

domingo, 7 de diciembre de 2008

Qué lindo, mi San Telmo

Qué lindo, mi San Telmo, al compás de los tambores. Qué lindo el movimiento de caderas, las carcajadas espontáneas, la fiesta en las calles de adoquines. Qué lindos los colores, la música, el candombe. Qué lindo el encuentro de 25 comparsas del país y Uruguay, desfilando hasta el Lezama: 2.000 artistas desplegaron su talento, y otros tantos de miles que, contagiados como yo, bailaron al compás de la “Tercer llamada de candombe de San Telmo". Qué lindo, mi San Telmo, qué lindo.




jueves, 4 de diciembre de 2008

Ulises, el huevón

“Madrina!! Tengo los huevos bien puestos. Soy Ulises. Y ya peso dos kilos!! Te quiero”. Todavía no nació y ya me mandó un mensaje de texto, el muy cabrón. Salió de la ecografía, agarró el celu de su mamá y me escribió sin abreviaciones. A los gritos (me gritó, ¿vieron?) me anunció que no es Ema como yo pensaba, sino que tiene huevos y se llama Ulises. Tiene huevos, sí. Y bien puestos, pa’ colmo. Sólo espero que no pesen dos kilos, ahijado. Yo también te quiero.

martes, 2 de diciembre de 2008

La rutina de no olvidar

Como quien intenta evitar que los autos lo atropellen en medio de una avenida endiablada. Como quien juega a zigzaguear para no pisar las líneas de unas baldosas de 10x10 centímetros. Como quien entrena la reacción ante un posible ataque inesperado. Ahí está. Solo ante esa inmensidad que evita rozar. Enfrentando ese hormigueo hipocondríaco. Extremo. Sofocante. Y sin bajar la mirada, fija el objetivo. Le cuesta. Pero llega, como todos los días. Es la rutina que se creó para subsistir sin resignar la inhóspita tierra que lo vio nacer. Rodeado del bullicio que lo taladra. Casi acostumbrado al tropiezo inevitable. Ahí está. Peleándole a esa cuesta empinada de olores humanos refregados entre sí. No es difícil encontrarlo entre la maraña apresurada. Es aquél. El único que esquiva para no chocar. Esa es, por cierto, su única maña que aún no se transformó en rutina de ciudad. O sí. En la rutina de no olvidar.

lunes, 1 de diciembre de 2008

Gauchito PRO


El otro día fui a una peña en un comedor comunitario. Este gauchito era el anfitrión. “Mentir”, “reprimir”, “imperialista”, “exclusión social”, rezaba en su remera PRO-amarillorefuerte. Tuve ganas de dejarle un par de ofrendas: carpa de docentes molida a golpes, cartoneros con los que no juegan limpio, marginalidad en la villa 31, centros culturales barriales cerrados... En fin, la lista de "vecinos" que Macri olvida, digamos.

jueves, 27 de noviembre de 2008

Posta Data


“Antes de ser nada, fuimos todo. Fuimos zapatillas agujereadas, exiliados sin recursos, piedra en los bolsillos, presos políticos, estómagos vacíos, extranjeros ilegales, jueces sin razón, parte con derecho”.

Así comienza la editorial del primer número de Posta Data, una nueva revista independiente que llegó a mis manos casi de casualidad, gracias a Natalia Ginszparg, una compañera del trabajo que se encargó de diseñar su blog. Una interesante carta de presentación para una publicación cultural que dice que salió porque “en esta Buenos Aires queda mucho por hablar, por escribir y por soñar”.

Ya está en la calle, cuesta tres pesos. Sus puntos de venta, aquí.

martes, 25 de noviembre de 2008

La bomba de tiempo

Tatá Taratatá, tatá taratatá… Y entrás en trance. En serio. Improvisación pura en percusión, mediante un lenguaje de al menos 70 señas que va indicando el director, con las manos, el cuerpo, los dedos... Y estalla la bomba. Empezás a sentir el descontrol del cuerpo. Y chau tiempo. No existe. Te olvidás. Y pasa. Como ya casi pasó este año. Como una bomba de tiempo. De pronto, pienso, qué bueno sería vivir así, en trance, al ritmo del tatá taratatá. Improvisando. Y entonces, ¿qué importa el paso del tiempo?

El video que adjunto dura 2.37 minutos. Es una muestra, en vivo, de lo que hace este grupo-escuela de percusionistas, que convierte la improvisación en composición en tiempo real (?). Dejálo pasar. Después, si querés, te das una vuelta por el Konex, donde tocan todos los lunes. Cuando menos te des cuenta estás en 2009. Pero lindo, ¿eh? Te juro.

sábado, 22 de noviembre de 2008

¡Qué vergüenza!


Una vez más, Tucumán es noticia de la vergüenza. La misma que siento cada vez que me preguntan cómo puede ser posible que un represor como Antonio Bussi haya sido gobernador electo. La misma que siento cada vez que escucho a tucumanos decir que con Bussi y el Malevo Ferreyra, al menos, había más orden en la provincia. Dejo, aquí, extractos de "Un clásico de la mano dura", una columna del periodista Luis Bruschtein, a propósito del suicidio vergonzoso y televisado de este cobarde que ocupa hoy las tapas de todos los diarios (de pronto no puedo dejar de recordar el llanto mentiroso e indigno del general).

"El Malevo había hecho escuela durante la dictadura. Había aprendido junto a Bussi que quien tiene el poder, tiene todo. Había visto cómo se despersonalizaba a los prisioneros, cómo se los torturaba y cómo se los asesinaba. El que tiene el poder es más que las personas comunes. Es el ángulo primitivo sobre el que se basa la mano dura, el espíritu glorioso de los linchamientos.

Para algunos tucumanos, el Malevo era el héroe de la lucha contra la inseguridad. Un paladín de la ley, como dijo Bussi. La brutalidad como símbolo del orden y el progreso. Un hombre violento y descontrolado empujando el progreso. Una imagen que se propone todos los días en todo el país. El progreso de la mano de la brutalidad. También era la idea básica de la dictadura, de todas las dictaduras. No es tan casual que en este caso se entrelacen en la misma figura."

¡Qué vergüenza!

jueves, 20 de noviembre de 2008

A rodar mi vida


Voy a rodar, no sólo porque la estructura de la muestra toma la rueda como eje, sino porque seré un eje para bailar Huayra Muyoj (remolino de viento). Es decir, intentaré ser un remolino. Fácil, ¿no? Acá les dejo la hermosísima versión de Huayra Muyoj de Néstor Garnica. La que voy a bailar el sábado.

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Nota: Después de la muestra nos quedamos a bailar en la Peña del Sol, que se hará ahí nomás, a continuación. La entrada, que ese día costará $23, incluye peña, claro.

miércoles, 19 de noviembre de 2008

Por los miles de Brian


Mi nombre es Florencia Arietto, y soy una de las abogadas de Brian, el chico de 16 años QUE LA POLICIA ELIGIO PARA SER EL ASESINO DEL INGENIERO.

Más allá de que a pesar que el juez Ribeiro procesó a Brian, cosa que hemos visto por los medios pero que aún NO HEMOS SIDO NOTIFICADOS POR EL JUZGADO, no hay pruebas en la causa.

La campaña mediática del poder es grande, pero la VERDAD ES HIJA DEL TIEMPO NO DE LA AUTORIDAD COMO DECIA KANT.

Es por eso que pedimos ayuda. Sé por amigos que me lo han dicho, que han tildado de SUBVERSIVOS a los periodistas que nos dieron un espacio para contar nuestra verdad.

Se comenta que hay una decisión política de mano dura velada, y no importa quién cae, nadie firmará la libertad de Brian aunque la causa se caiga toda. Y en esta batalla, que estamos perdiendo ante el estado policial, y pese que tengo 30 años y no he vivido la etapa de la dictadura en carne propia, me siento como los desaparecidos que, cuando pedían ayuda, les decían ALGO HABRÁS HECHO. Brian es villero, y por serlo ALGO HABRÁ HECHO PARA ESTAR PRESO.

Necesitaban un asesino, al voleo y sin pruebas pidieron su detención, de hecho un testigo de "identidad" reservada tiró el nombre de él y un alias "el negro", que no es este Brian detenido, y un domicilio, que resultó no ser el domicilio de la casa de Brian, sino de Jonathan el otro detenido. O sea buscaban a un Jonathan con nombre Brian, pidieron la captura de Brian sólo por un testigo que tiró un nombre como tiró muchos más, y cuando vieron que eran del mismo barrio junto con Jonathan, se llevaron a los dos.

La causa cerraba, pero salieron los maestros (que linda palabra) a defender a BRIAN... el pibe que jugaba de 10 en la canchita del Güemes Juniors de Ciudad Evita y quería ser como Riquelme, y porque así lo dispuso la policía se convertía en EL ASESINO.

Necesitamos que se difunda que están operando fuerte desde la fiscalía y la jefatura de policía para que esto no salga a la luz, necesitamos dar la pelea porque sino tendremos un estado policial encubierto y en vez de avanzar volveremos con otros matices a la época más oscura de nuestro país, porque como todos sabemos, EL MAL ABSOLUTO, toma distintas formas según lo necesite.

Ayudemos a Brian, no permitamos que lo conviertan en un chacal.

Por los miles de Brian.

"EL TERROR SE BASA EN LA INCOMUNICACIÓN, DIFUNDA ESTA INFORMACIÓN, VUELVA A SENTIR LA SATISFACCIÓN MORAL DE UN ACTO DE LIBERTAD". R. Walsh

Florencia Arietto

Nota: Sería importante difundir esta carta, tal como lo hizo mi colega JP y que varios otros blogs replicaron.

lunes, 17 de noviembre de 2008

La ilusión de Juan Martín

Juan Martín sabe que su historia está latente. Se despereza. Levanta los párpados. Mira por el ombligo la incandescencia de una luz que aún no iluminó sus ojos prematuros. Observa a esos niños jugar a las escondidas. Desea salir de allí para estampar un piedra libre victorioso. El puede. Sabe que es el único que puede hacerlo despreocupado porque no pueden verlo. Es invisible. Silencioso. Sigiloso. Y nadie, pero nadie, sabe que existe. Desespera. Le pide permiso a ese ombligo que lo ignora. Desde hace meses que lo ignora. Lo deseó una vez, es cierto. ¡Hasta le puso un nombre! Pero se olvidó de engendrarlo. De alimentarlo para que ese tiempo de encierro pase rápido. Juan Martín no sabe, todavía no se dio cuenta, que ese deseo sólo hizo de él una ilusión. Una ilusión que se apagó el mismo día que sus futuros papás decidieron separarse.

sábado, 15 de noviembre de 2008

Soborno emocional (¿de Scioli?)

"La idea de bebé ha sido susceptible de divisiones clasistas, en esta sociedad hipócrita e hiperclasista: el bebé de la lavandina, ese que tiene una mamá que usa productos especiales para desinfectar los juguetes y que siempre tiene en la heladera postrecitos con calcio y hierro, y el bebé que carga la señora en el semáforo, el bebé del soborno emocional, el bebé prestado, el que pretende conmover y provoca rechazo. Ese bebé es sólo visto como un fruto de la promiscuidad de los pobres o como una herramienta para la limosna. Uno es el bebé que quizá ya tenga o vaya a tener un hermanito, y el otro es el bebé que la mirada social juzga “de más”, como si algunas mujeres parieran hijos y otras parieran apenas más bocas que alimentar. Uno es el bebé producto del amor de sus padres, y el otro es el producto de un apareamiento.

Los pibes pobres de catorce años han sido bebés del segundo tipo. No es después de un asalto o de un crimen que esta sociedad debería pensar en ellos".

Nota: extracto columna de Sandra Russo, titulada “Catorce años”, en la contratapa de Página/12 de hoy.

jueves, 13 de noviembre de 2008

Vestidito blanco a lunares azules

Era noviembre, como ahora. El calor sofocaba en esa iglesia de barrio que, por su estructura redonda, ella fantaseaba con que era un plato volador. Hilos de transpiración le caían por entre sus pechos recién madurados, que a penas se dejaban notar a través del vestidito blanco a lunares azules que su mamá le había comprado para la ocasión: su colación de séptimo grado.

Estaba hermosa. Sus maestros se lo decían. Sus compañeritos de grado, a los que miraba desde una o dos cabezas más arriba, no dejaban de contemplarla. Las personas en la iglesia mucho menos: el caricúlico cura, la mujer mojigata de anchos anteojos, el pelado con camisa a cuadros y rosario colgado al cuello… Todos la miraban. Ella lo sentía. Pero no porque estaba hermosa, sino por su desubicado y apresurado cuerpo de mujer, que hasta entonces se había encargado de tapar, para que nadie nadie nadie se diera cuenta.

De pronto, y como en cada acto escolar, el profesor le pidió que pasara a leer el discurso. Debía subir adonde estaba el cura que la miraba caricúlico, como si fuera uno de los escenarios a los que estaba acostumbrada a trepar de un solo y despreocupado salto. Tenía que hablar delante de toda esa gente con rosario en mano. Y eso, que antes hacía con total desparpajo, la aterraba, la paralizaba, la avergonzaba, por culpa del vestidito blanco que a esa altura odiaba con toda su alma. Por primera vez, se negó a leer el discurso.

Cuando terminó la misa, y en medio de la desesperación por salir rápido de ese plato volador que la atormentaba, la señora mojigata se le acercó, la miró de arriba abajo, y de un susurro terminó de refregarle ese cuerpo que ya no soportaba más: “No se puede venir así vestida a la casa de Dios”. Como si su pudor no le bastara. Como si sus ojitos de gruesas pestañas no mostraran que era una niña de séptimo grado. Como si el vestidito hubiese sido la manzana de un pecado que, encima, no había cometido.

Salió escondiendo los ojos mojados. Se subió al auto con sus papás, a pesar de que sus compañeritos iban todos caminando hasta la fiesta de egresados que tanto había organizado. Rogó que la llevaran a casa. Se puso unos enormes bermudas de corderoy rojo que le llegaban hasta las rodillas, una de las camisas a cuadros de su papá que tanto le gustaban, y los ya desgastados mocasines marrones. Corrió hasta el colegio que quedaba a la vuelta de su casa. Saltó el alambrado como cada tarde cuando iba a clases. Se reunió con sus compañeritos que ahora parecían de su misma altura. Bailó feliz toda la noche. Y se olvidó del vestidito blanco a lunares azules.

Hasta hoy, 17 años después, mientras piensa cómo le gustaría tener ese cuerpo para volver a usarlo.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

Buscar para encontrar


Teatroxlaidentidad es siempre búsqueda. Búsqueda de nietos, búsqueda expresiva y búsqueda de nosotros mismos. Búsqueda y, a veces, encuentro”.
El 8º encuentro de Teatroxlaidentidad que organiza Abuelas de Plaza de Mayo comienza mañana y dura hasta el 30, en el Teatro Nacional Cervantes. Tengo ganas de buscar y encontrar, para no olvidar. ¿Te prendés?

Nota:
Las entradas son gratuitas y hay que retirarlas el mismo día de la función por el teatro. La programación, aquí.

domingo, 2 de noviembre de 2008

Alejar el olvido

Foto: Juan Jaramillo

Foto: Alonso Delgadillo


Cómo será, qué será, después de la muerte. Una pregunta que nunca me había hecho. Quizás de niña, pero no lo tengo presente. El día de los muertos para mí nunca fue. Lo único que recuerdo es que mi tía Juanita, que también ya murió, solía pedirle a mis viejos que ese día la llevaran al cementerio a visitar a sus muertos. Pero nada más. Ni siquiera tengo memoria de la última vez que fui al cementerio de visita.

Anoche participé por primera vez de una celebración por el día de los muertos. La organizaron unos mexicanos amigos. Levantaron un altar artesanal, hecho por ellos mismos de flores rojas. Allí depositaron ofrendas para sus muertos: alcohol, cigarrillos, muñequitos y dibujos de simpáticas y felices calaveras. Tan felices como la noche de fiesta. Porque para la tradición mexicana es eso, una fiesta que comparten los vivos y los muertos. Los muertos tienen permiso ese día para visitar a sus seres queridos vivos y festejar el reencuentro. Una fiesta que, dicen, aleja el olvido.

Me llenó de color. Recordé. Bailé hasta esta mañana con la tía Juanita, con la abuela Yuliet y el abuelo Fermín. Miré fijo los ojos azules de mi tío Pepi que no llegué a conocer, pero al que muchas veces le hablé. Y entonces me pregunté, por primera vez, cómo será, qué será, después de la muerte.

Comparto con ustedes una canción que hizo mi amigo Luigi Maderuelo. Se llama Cómo, y plantea el mismo interrogante que hoy me hago yo. Una especie de fusión de sonidos, voces, guitarras eléctricas, tambores, contrabajo y samples. Y hasta incluye un pedacito de la letra de Subo, una hermosa copla del Chivo Valladares. Para alejar el olvido.




jueves, 30 de octubre de 2008

Mala palabra

Criticar a Maradona siempre fue mala palabra. No es para menos: es el Diez, es Dios, su mano hizo milagros, tuvo un programa de TV y, aunque tenía invitados, la estrella nunca dejó de ser él. Sobrevivió a múltiples sobredosis, internaciones varias, gordura extrema, by pass gástrico, alcohol, droga, exceso, exceso, exceso. Y ahora que acaba de cumplir los 48 años, dicen, está re cuerda.

Tanto tiraron de la cuerda que ahora lo ponen de DT en la Selección. Y en la Selección no se perdona. No se puede perder partidos, porque te tenés que ir, porque de pronto sos el peor DT de la historia, porque sos un fracasado. Y se discute. Se insulta. Se pelea. Y exceso, exceso, exceso. Entonces, pregunto: exceso con exceso, ¿funcionarán bien? Cuerda floja con cuerda floja, ¿se entenderán?

Y si se corta la cuerda, y el equipo no evoluciona, y pierden partidos como el que jugaron contra Chile: ¿Maradona seguirá siendo Maradona? Hablo del Maradona Diez o Dios, del Maradona de los milagros, del Maradona de las mil vidas, del cuerda y del que parece que le dan cuerda para jugar, para gambetear, para vivir, para creer(se).

Yo creo que no. Yo creo que para justificarlo -como siempre- volverá a ser el Maradonapobretipo. Porque así somos. Le damos cuerda y después se la soltamos.

Perdón por el exceso. Perdón por usar su nombre en vano. Perdón por la mala palabra.

miércoles, 29 de octubre de 2008

La suma de todos los miedos

Campo, AFJP y leyes duras contra la inseguridad, juntos y dándose palmaditas.

lunes, 27 de octubre de 2008

Sub-realismo criollo


Chacarera

Los violines de la chacarera santiagueña suenan siempre un poco desafinados.
A propósito.
Para que la música suene bien en el volumen saturado de las radios de los camioneros, en las radios con poca pila de los ranchos del monte, en los bailes de clubes cancha de basquet-tinglado de zinc.
Para darle una textura acorde al calor salvaje de las siestas, a los manteles pegoteados de los bares de ruta vino tinto-ginebra-caña Legui.
A los zapatos viejos, ajados y relustrados de las maestras que ganan dos pesos y esperan el colectivo en la puerta de esos mismos bares.
A sus medias de nylon-hebillas-pulseras que hacen juego.
Suenan un poco desafinados por que sí.
Para convocar a las iguanas y a los duendes.
Porque las cuerdas son baratas.
Por no saber tocar mejor.
Por tener vagancia de afinar si total para que.
Para que la música se impregne del resentimiento y el orgullo que conviven en el mestizaje.
Para acompañar a los borrachos que cantan a destiempo.
Para ser coherentes con el desaliño de la periferia.
Para mostrar la hilacha.
Para matizar con un poco de humor tantas ausencias y tanto dolor.


Nota: Al texto lo encontré de casualidad ojeando uno de los libros del fotógrafo Marcos López, Pop Latino. El relato es suyo y me impactó no sólo porque tiene mucho de mis orígenes, sino que lo encontré mezclado entre fotos y obras de arte pop como la que colgué en este post. Su obra, dice él mismo, es "Sub-realismo criollo". Y me pareció un lindo título para un post.

miércoles, 22 de octubre de 2008

La terraza

Hace dos días fui por primera vez. Después de casi dos años, me animé. Vencí los julepes y prejuicios. Me quité el molde y tomé fuerzas. Respiré hondo y me acerqué. Por fin, la conocí. Pero como no me alcanzó, en su regazo me quedé. Observé su contorno. Me quedé colgada de sus cobijas. Curioseé desde cada uno de sus rincones. Y ocurrió lo que temía: me gustó.

Sin embargo, no es muy distinta de lo que me imaginaba. No es linda. No tiene simpatía ni comodidades para recibir a nadie. Es muy superficial. No inspira seguridad. Y encima, emana un vapor denso. Pero me gustó.

Me gustó por sus distintas visiones del mundo que la rodea. Por su encantadora mirada casi patriarcal sobre todo lo que (sabe) está por debajo suyo: desde los diminutos autos cuyo ruido insoportable no alcanza a molestarla 13 pisos arriba, hasta el implacable Río de la Plata que todavía se deja ver, entre las cada vez más numerosas torres que invaden un paquetísimo Puerto Madero. Desde la autopista 25 de Mayo y su ronroneante smog de las 6 de la tarde, hasta la callecita de adoquines que contornea su inmensidad. Desde los pequeños balcones vecinos, abarrotados de plantas, plantines, broches, jabón y ropa colgada de sogas, muchas sogas; hasta la inmensa casona abandonada que choca con su espalda, cargada de árboles tan secos como ella.

A pesar del cemento. Del reducido espacio repleto de baldosas calientes por un sol que pela. A pesar de los caños gruesos que van y vienen y casi impiden caminar. Del denso cablerío, antenas parabólicas y demás. Aunque falten el verde, los pájaros y el sonido del viento crudo. A pesar del escalofrío que me electrizaba la piel cada vez que miraba hacia abajo. Ahí me quedé. En la pequeña pero impactante terraza, a la que nunca antes me había animado subir.

Me gustó. La disfruté. Y me dieron ganas de volver.

lunes, 20 de octubre de 2008

Francotirador

Para explicarme que aún no encuentra el lugar indicado desde dónde ejercer su profesión, un amigo me dijo que se siente como un francotirador. “Estoy todo el tiempo apuntando y tirando, a un lado, a otro…”. Y pensé que, en la vida misma, todos somos un poco francotiradores.

sábado, 18 de octubre de 2008

Invisible a los ojos


Va, viene. Sube, baja. Copia, crea. Aparece, se va. Ríe, llora. Muestra, pero esconde. Ama, mientras odia y engaña. Divierte, me aburre. Juega, duerme. Trepa, se desliza. Susurra, grita. Come, ayuna. Hace, queda inmóvil. Toca, mira de lejos. Aplaude, abofetea. Destella, opaca. Mira, ignora. Gira, dobla, vuelve atrás, sigue derecho. Vuela, nada. Porque, en definitiva, nada por aquí, nada por allá. Y yo: claro que sí, cómo no. Total, es invisible a los ojos.

viernes, 17 de octubre de 2008

Nostalgia de provincianitos

El otro día me puse a discutir con mi hermano (siempre discutimos, somos hermanos) sobre la violencia que reina en las calles. Surgió luego de que yo contara una pelea que tuve con el chofer de un colectivo, que sin razón alguna me re puteó cuando subí al bondi repleto y yo le contesté, sacadísima.

Mi hermano me decía algo así como que, con mi reacción, yo había actuado en consecuencia con esa violencia. Y yo le retrucaba que no, que el hecho de que esa violencia exista no significaba que yo tenía que quedarme en el molde y dejar que ese pobre hombre, cansado, violentado por la gente, sofocado por el tránsito, las bocinas y demás, me insultara gratuitamente sólo porque su vida era una mierda.

Después de discutir violentamente con mi hermano (siempre discuto así con él, hasta por la boludés más grande, es mi hermano), de burlarme de sus palabras y reírme en su cara (como cuando éramos chicos, porque sé que lo enoja), hicimos las pases (como siempre también, a los minutos ya somos amigos). Y me regaló un poema, que encontró por ahí. Tiene un tono nostálgico, arrabalero, bien de tango. Por eso, dice mi hermano, viene al caso. Porque “nosotros los provincianitos debemos tener una nostalgia bien parecida al tango”.

Impiedad

Se apelmaza en el tren, el bondi, el subte,
porque, día tras día, va a yugar.
Se calza el celular y la corbata
el walkman… y a engrupir su soledad.

Hay que aplastar al otro pa´ salvarse;
primero yo, gilito. Y nada más.
Todo el cemento cabe en su tristeza,
lágrima de concreto es la ciudad.

No están las parras
ni las guitarras,
las casas bajas
también se van.
Ya se perdieron
las serenatas,
la noche grata
se quedó atrás.
Cuando el tranvía
se tomó el piro
la mano amiga
no existió más.

Gambetea semáforos, bocinas,
esmog, neurosis y en su horizontal
convoy moderno donde sólo muere
apoliya su pena… ¡Y a soñar!

Sueña que es triunfador; no, poligriyo.
Busca la salvación: escolasear,
más sigue hastío, celular, corbata,
pena, walkman, rutina… su yirar.

Juan Carlos Giusti

lunes, 13 de octubre de 2008

Sillón engualichado

¿Sabrá el tapicero que lo compró que ese sillón tiene un gualicho? Además de haberse vuelto viejo, alguien lo engualichó, estoy segura. Sino, ¿cómo puede ser? Durante tres generaciones cumplió con su cometido una y otra vez. Nunca falló. Y a pesar de todo se guardó todas las mañas. Y hasta se llevó consigo todas las historias que aquellos años obligaban a ocultar. Quizás sea eso. De pronto ya no había qué ocultar, entonces su encanto se apagó. Su hechizo se desdibujó. Y ya no sirvió más. Por eso se vendió.

Era el sillón casamentero de la familia. Ahí se sentaron mis bisabuelos maternos antes de casarse. Allí fue donde mi abuelo le robó el primer beso a mi abuela. Y las hermanas de mi abuela engancharon a sus novios y futuros maridos. En ese sillón, además, mi mamá lo apuró a mi papá para casarse. Era algo así como el amigo cómplice de las mujeres de la familia, el confidente. Era el que las ayudaba a no quedarse solteras.

Ahora entiendo. O no, mucho no entiendo. “No vayas al living”, me advertía mi mamá, medio en broma, medio en serio, cuando me visitaba mi primer noviecito de adolescente. No quería que me sentara en el sillón, supongo. Pero no se dio cuenta que no tenía que decir nada. Porque entonces yo más quería ir al sillón con ese novio. Y con el siguiente también. Así lo hice: con uno, dos, tres… bueno, unos cuantos noviecitos. Hasta que me fui de casa. Por eso se rompió la racha del sillón. O alguien lo engualichó. No sé. El tema es que dejó de servir, aunque sus amplios respaldos y almohadones seguían intactos (y cómodos), a pesar de los años. Por algo el mes pasado mi mamá decidió venderlo, ¿no?

sábado, 11 de octubre de 2008

Contradictorias, pero hermosas

Así las describió cuando me las regaló. Pero yo creo que, al final, no son tan contradictorias. Aunque sí bellísimas.


"Volver, Volver", Chavela Vargas.


"El último trago", Chavela Vargas.

miércoles, 8 de octubre de 2008

Qué horror


Son nada más y nada menos que 6300 adolescentes los que están en el sistema penal. Es decir que, ya sea por estar sospechados o imputados de cometer delitos, están cumpliendo alguna pena ordenada por un juez. Uno de cada cuatro de ellos cumple su pena en institutos con regímenes cerrados, a pesar de que la Convención Internacional de los Derechos del Niño, con rango constitucional, establece que la privación de la libertad debe ser el último recurso, y sólo debe aplicarse en casos extremos. Sesenta y siete de los detenidos llevan presos más de dos años. El 40 % está encerrado por delitos leves. Qué horror.

Nota:
información y foto extraídas de acá.

lunes, 6 de octubre de 2008

Pánico escénico

No subía a un escenario, sola, desde los actos patrios de la primaria. En serio. Y ahí estuve, otra vez, leyendo historias (las del blog) que no se muy bien qué son, pero son. Fue como retroceder muchos muchos muchos años en un instante. O quizás fue mi deseo de retroceder, de recordar. Por entonces, casualmente, comencé a escribir. Fue cuando nació mi deseo por escribir. Y pensé que cuando sea grande iba a ser periodista. Pero una periodista que escribe las historias, no que las cuenta en voz alta. Porque yo sabía que iba a ser una periodista con pánico a ser observada. Con pánico escénico, que le dicen ahora.

Gracias a mi amigo Chavi por la invitación. Estuve nerviosa, pero lo logré. Ahora tengo menos de ese pánico con nombre moderno.

jueves, 2 de octubre de 2008

Humo

Aquí y allá. En todos lados. Humo y más humo. En casi todos a mi alrededor. Antes era al revés: creía ser una de las pocas (minoría) que lo producía y lo producía sin parar. Y admiraba a los que no (mayoría) lo necesitaban como yo. Ahora, que ya no lo necesito (o sí, un poco sí), es la mayoría la que lo necesita como antes yo (o quizás no).

Es así, como una cortina de humo que te envuelve, te lleva, te engaña, te hace creer… Nunca terminás de saber cuál es la verdadera verdad. Hasta que se hace humo, supongo. Y te olvidás.

lunes, 29 de septiembre de 2008

Llanto sin remedio

“… ya no lloraba, pero sus ojos nunca más volverán a estar secos, que ése es el llanto que no tiene remedio, aquel fuego continuo que quema las lágrimas antes de que ellas puedan brotar y rodar por las mejillas”.

Nota: del libro El Evangelio según Jesucristo, de José Saramago.


sábado, 27 de septiembre de 2008

Infidelidad pactada

“¿Sos MBA?”, pregunta un hombre de traje en un conocido after office. “Sí”, responde ella, sabiendo que él también lo es. No hablan de sus estudios, a pesar de que las siglas, en inglés, son conocidas por su referencia a los postgrados de Administración de Negocios (Master in Business Administration). Hablan, sí, de su condición de “Casados, pero disponibles” (Maried but available, en inglés).

Se trata de un nuevo código que utilizan los infieles en su táctica para conseguir relaciones casuales, que empezó a utilizarse en Estados Unidos, pero de a poco fue difundiéndose en Latinoamérica. Los códigos son tan pactados como las mismísimas infidelidades, una tendencia que crece cada vez más en las parejas.

¿Infidelidad pactada? Sí, pactada: la pareja acuerda que ambos tienen permitido uno que otro desliz amoroso. Y desde allí, dicen, sostienen su relación de amor, pero de libertad al mismo tiempo. A veces el acuerdo es directo y hasta charlado. Otras se mantienen en silencio, pero tanto uno como el otro sabe y acepta las reglas del juego.


Nota: ¿No es genial? La nota completa, aquí.


lunes, 22 de septiembre de 2008

Hoy soy de San Martín

No tengo idea de fútbol. Me aburre ver un partido en la tele. Odio escuchar hablar de fútbol todo el tiempo. Nunca fui a la cancha. Y jamás sería botinera. No sólo porque no tengo los atributos de las modelos y vedettes de turno, sino porque también me aburren los futbolistas que, no sólo no saben ni hablar, sino que su discurso es vacío de contenido. O al menos eso muestran los medios.

Sin embargo, debo confesar, a veces la cancha me da curiosidad. Me da curiosidad vivir tan en vivo y en directo esa pasión que genera en la gente. Ese delirio. Los cantitos guarangos, con ida y vuelta. Las camisetas chivadas y amontonadas en las tribunas, unidas por un incomprensible fanatismo exacerbado que lleva los mismos colores. Sobre todo ahora, que un equipo tucumano está en el ojo de la tormenta.

Entonces le empiezo a prestar más atención a la cosa. Y cuando me preguntan si soy de San Martín, digo que sí, orgullosa. Claro que antes un amigo me tiene que haber contado que golearon a River, sino me quedo en el molde, por las dudas. Algunos dicen que lo mío es cualquiera. Que cómo es eso de que ahora soy de San Martín y toda la bola. Pero yo digo que sí, que soy de San Martín ahora que es noticia. Y qué.

Que soy de San Martín porque es de Tucumán igual que yo. Porque me crié en su complejo deportivo, que quedaba a unas 10 cuadras de mi casa. Porque me chupé todas las colonias de vacaciones en ese lugar. Porque fue ahí que me quebré un hueso cuando me caí del pasamanos. Porque todavía tengo la marca en la tibia izquierda de esa quebradura, que me dejó tres meses toda la pierna enyesada y postrada en una silla de ruedas. ¿Saben lo que eso significa a los 7 años? ¿Saben lo que es rascarse con una aguja de tejer durante tres meses la piel pelada (de piel) y peluda (de pelos)? ¿Saben lo que es bañarse con una bolsa de consorcio atada a la pata, apoyada a su vez en una silla afuera de la bañadera, haciendo malabares con una sola pierna en medio de la ducha?

Pero además, en el complejo San martín tuve mi primer campamento. En su pileta aprendí a nadar. También allí pesqué mis primeras mojarritas con un vaso de plástico. En sus quinchos festejé mis primeros cumpleaños. Fue ahí donde conocí al primer chico que me gustó. En ese lugar presumí por primera vez. Ahí mismo fui a mis primeras fiestas de adolescente, las más famosas del Carnaval tucumano. Y así, puedo seguir horas enumerando.

No sé que va a pasar la semana próxima ni me importa. No sé si los Santos se la van a bancar mucho tiempo en la A. Tampoco quiero imaginar qué pasaría si la mafia tucumana dejara de ser la dirigencia del club. Ni siquiera tengo idea de quiénes son los jugadores, ni quien es el DT, ni nada. Pero hoy, señores, soy hincha de San Martín. Y qué.

domingo, 21 de septiembre de 2008

Tango feminista

Soy esa mina…
Soy esa mina que patea la ciudad
Siglo XXI me tragué la evolución
Yo quise ser independiente,
Compadrita equivalente
Y aquí estoy sola con mi canto y con mi voz

Soy esa mina guapa para laburar
Soy esa mina para todos ideal
Lloran los chicos llama el jefe
Voy al súper, lleno el chango
Y a la noche me disfrazo en baby doll

Y cuando al fin yo quiero disfrutar
De tus caricias y de tu calor
Me contestás hoy no querida, no doy más
Prende el televisor
Y en la almohada aparece el otro,
que en el oído me chamuya diosa
Y yo que tengo muchas ganas de creerle
duermo a tu lado soñando mañana verle
Voy hacia él radiante en esperanza
que dura menos que una lágrima en secar

Soy esa mina….
Soy esa mina que patea la ciudad
Siglo XXI me tragué la evolución
Del internet voy al cajero
Con maletín al verdulero
Y en el almuerzo llevo un hijo al doctor

Soy esa mina guapa para laburar
Soy esa mina para todos ideal
Voy al aerobic en el bondi
Voy al súper, lleno el chango
Y ni siquiera desconecto el celular

Y cuando quiero un hombre pa’ charlar
que me proteja y me ame de verdad
estoy tan sola que dan ganas de llorar

Voy a parar al diván
Ay Freud tirame alguna solución
que de consuelo a esta desazón
para este mundo cambalache y quilombero
yo solo busco uno que me diga quiero
Y yo maleva que podía todo
Ay siglo XX donde estás te voy a buscar


La letra (con su música) pertenecen a mi tía Adriana, música y actriz. La canción se llama “Esa mina”, pero me gusta el apodo que le puso mi amigo el Zorro, que en toda guitarreada le pide: “Adriana, tocate el tango feminista”. Es, además, uno de los temas que toca y canta junto a unos amigos y compañeros de teatro, en una banda que formaron este año y a la que llamaron “Es lo que hay”. Mezcla de rock, pop, canciones propias y actuación. Un show muy divertido y recomendable. Hoy y el domingo próximo, a las 19, en el Teatro Korinthio, Junín 380.

sábado, 20 de septiembre de 2008

Cómo quisiera

Tener esta habilidad. Y estar en Münich en este momento, claro.


El Festival de la Cerveza más groso del mundo / Foto: Perfil.com

jueves, 18 de septiembre de 2008

Sueños

Hay un par de sueños que quedaron tan grabados en mi mente que, creo yo, no los voy a olvidar nunca. Tan arraigados están que de vez en cuando los recuerdo. Los nombro. Los cuento como anécdotas graciosas. Y, claro, trato de interpretarlos. ¿Quién no intenta hacerlo con aquellos que por alguna razón no olvidaron al despertar? Van aquí cinco de mis sueños más perturbadores.

Sueño 1 (Tengo 14 años. Es Navidad y acaba de morir mi abuela paterna. La mató la complicación de una operación que se suponía insignificante. Yo no había ido a visitarla al Sanatorio, así que la culpa me deja mal. Tan mal que ni siquiera puedo dormir sola. Termino mudándome con mi colchón al cuarto de mis hermanos):
Entro a una habitación pequeña, muy luminosa, pero sin ventanas ni aberturas. No hay nada más que un trencito de juguete, a pilas, que da vueltas y vueltas sobre una mesa chiquita. Lo observo desde la puerta. Fijo mi vista en el maquinista: un muñequito que sonríe, parecido a los Pin&Pon. El maquinista gira el cuello. Me mira fijo, siempre sonriendo. Descubro con horror que en realidad es mi abuela. Le pido disculpas, una y otra vez. De pronto, sin borrar su sonrisa, levanta una mano y me hace fuck you
.


Sueño 2 (Tengo 16 años, un trauma con mi cuerpo y algunos kilos de más):
Voy a una clínica para adelgazar y el médico me receta una pócima que debo tomar en dos partes, a la tarde y a la noche. El resultado es mágico: voy a convertirme en hombre lobo, saldré a comer gente y al día siguiente seré humana otra vez, pero flaca. Tomo la primera mitad y me arrepiento. Contra reloj, vuelvo desesperada a la clínica para deshacer el efecto de la pócima. El médico ya no está. En cambio, dos amigas de mi infancia (que hoy son médicas), atienden en el mostrador: Abi no tiene idea de cómo ayudarme; Ana (una mina muyyy colgada en la vida real) me receta veneno para ratas. Me doy cuenta que no hay solución, que ya es tarde para arrepentimientos. Decido terminar la pócima, pero encadenada a un poste de luz. Sale la luna. Me transformo. Violento el candado. Vuelo. Salgo en búsqueda de mis presas. Me despierto.

Sueño 3 (Días después del sueño 2. Odio a mi viejo porque no me deja ir a bailar a boliches, ni quedarme a dormir en la casa de amigas, y siempre me va a buscar temprano de las fiestas):
Una noche mientras todos duermen descubro una habitación oculta en mi casa. Entro en penumbras, asustada. Hay un escritorio que, presiento, es de mi papá. Silenciosamente me pongo a revisar carpetas y papeles. Entonces descubro un secreto que esconde mi viejo: es un hombre lobo. Miro por la ventana. Es noche de luna llena. Se me eriza la piel.

Sueño 4 (Hace dos años más o menos. Vivo en Buenos Aires, en la casa de mis abuelos maternos, y no veo las horas de mudarme sola):
La muerte me persigue, pero yo no la veo. Y aunque no la veo sé que vuela alrededor mío y que tengo que evitar que se apoye en mi cabeza porque entonces, sí, estoy muerta. No la veo, pero el resto de la gente sí la ve. Y para evitar ponerme triste, no quieren decirme. Pero yo me doy cuenta. Le pregunto a mi abuela, que también se hace la boluda. Me enojo, le grito, le digo que me ayude y que me señale dónde está la muerte así la esquivo. Mi abuela pasa a ser mi sombra.

Sueño 5 (Hace un año más o menos. Vivo en Buenos Aires, sola, en un monoambiente al que acabo de mudarme. Le tengo fobia a las cucarachas. No puedo ni matarlas. Toda la vida mis viejos acudieron a mi ayuda cada vez que yo pegaba el grito. Hace poco entró una enorrrrrrrrme volando por la ventana de mi departamento del 10º piso. No supe qué hacer. Desde dos metros de distancia le tiré todo el aerosol de veneno, me fui de casa y no volví hasta el día siguiente):
La muerte me persigue otra vez. Es un murciélago primero, al que puedo esquivar. Pero rápidamente se transforma en una gigantesca cucaracha. Corro por todo el departamento a los gritos, pero la hija de puta corre más rápido. Me subo a la cama. Ella también sube. Me alcanza, me alcanza, me alcanza... Entra mi mamá. Con cara de “bah, mirá por lo que gritás” agarra la cucaracha con la mano y la tira al inodoro.


martes, 16 de septiembre de 2008

Habitación 212




El 4 de este mes se realizó en el Tita Merello el VIII Festival Internacional de Cine de Temática Sexual. El primer premio fue para un corto mexicano, de Benjamín Alcántara, llamado Habitación 212. Representa a la habitación de un hotel de paso, donde trabaja una joven prostituta del barrio de La Merced, en DF. Violencia familiar, abusos, marginalidad y un relato que, aunque simple y conocido, conmueve.

domingo, 14 de septiembre de 2008

Abrazos gratis


Caminé cinco cuadras. Sólo cinco. Domingo. Sola. Con la tristeza de las 6 de la tarde. Ahí estaba: el mundo entero dando vueltas alrededor mío. Y yo, trémula, dando rienda suelta al mundo de adentro mío: el alquiler, las expensas, los regalos de cumpleaños de este mes que son muchos, mi aburrimiento, los que no están, mis casi 30.

Casi por inercia, de cuando en cuando me detenía en el afuera. “No deje de visitar el rincón de las locas”, decía un cartel sobre Defensa casi Estados Unidos. Y hacia las locas fui. Pero en vez de locas había remeras, tejidos, colgantes y afiches que prohibían sacar fotos.

“Café rico, 100% colombiano”, prometía otro cartel, de cartón con letras rojas, que llevaba un joven colombiano, a la vez que colgaba una bandeja grande con termos y vasitos de plástico. “Mama Pacha, desde lo más profundo de la tierra”, decía otro en un puesto de artesanos que vendían todo tipo de colgantes, pulseras y aros de semillas. De fondo, los edificios y la avenida Belgrano.

“Libertad a los 23 presos inquilinos”, reclamaba uno bien grande, en Defensa y pasaje San Lorenzo. El puestito, de la Asamblea de San Telmo, vendía libros de piqueteros, CD con música en homenaje al Che y remeras y postales con insignias revolucionarias. “Cómo sería vivir sin música”, preguntaba uno en medio de un dúo que cantaba folclore con micrófonos y todo sobre la calle de adoquines devenida en peatonal. Al costado, una caja llena de billetes y monedas en pesos, dólares y euros.

De pronto veo a un joven abrazando animadamente a una señora. “¿De dónde es?”, le preguntó. “De Perú”, escuché responder, aunque bien bajito. “¡Bienvenida!”, replicó el joven abrazándola nuevamente. A su lado, una chica hacía lo mismo con un hombre mientras agarraba, también, un cartel: “Abrazos gratis”. Los dos, parados en medio de la calle-peatonal, levantaban los brazos y ofrecían su cuota de servicio, con una sonrisa. Y gratis. No lo dudé. Era lo que necesitaba en la soledad preocupada de un domingo a la tarde: un cachito de cariño.

sábado, 13 de septiembre de 2008

Subo

Me voy pa' los cerros, alto
A llorar a solas, lejos
A ver si se apuna el dolor
Subo, subo

Los ranchos quedaron atrás
Las nubes muy cerca
Están ya
A ver si se apuna el dolor
Subo, subo

La quena muy triste toco
Y me habla llorando de vos
A ver si se apuna el dolor
Subo, subo


Nota: Una de las vidalas más lindas (y tristes) del "Chivo" Valladares, un increíble compositor, poeta y músico folclórico tucumano, que murió ayer, a sus 90 años. Subo.

viernes, 12 de septiembre de 2008

Ojalá

Acabo de leer que en México hay una pareja que lleva 82 años de casada. El, Francisco García, tiene 100 años recién cumplidos. Ella, Paulina Calvillo, 98. ¿Cuál es el secreto de que lleven tantos años de matrimonio? “El Señor”, así de simple, según Francisco.

Ojalá que ese “Señor” no se acuerde nunca de mí.

miércoles, 10 de septiembre de 2008

Niña muerta

Estaba sola en su casa cuando comenzó con el trabajo de parto. Fue al baño y parió una nena. Con una tijera que manoteó por ahí cortó el cordón. Guardó a su beba en la mochila y salió camino a un centro asistencial cercano. Cuando llegó, la beba estaba muerta, como ella.

Una historia de terror. De tanto terror como la edad misma de la reciente madre, de 14 años; de tanto terror como la soledad que la aquejó cuando los dolores comenzaron en su casa de Villa Arguello, en La Plata. Dolores de parto. Dolores de llanto. Dolores de no entender. Dolores de no ser, de no existir, de no vivir.

Ahora, dice DyN, tomó intervención la Justicia: un fiscal de la UFI 2 de La Plata que instruyó actuaciones por “averiguación de causales de muerte”. Como si esas causales de muerte no estuvieran claras: una niña sin derechos, excluida, embarazada, parturienta, olvidada, abandonada, y tan o más muerta que su beba.

Nota: Mientras tanto, en Mendoza, personajes que dicen ser Pro-Vida se meten en la habitación del hospital de una niña, de 12 años, violada y embarazada, para convencerla de que no aborte, de que no acabe con una vida. Como si su vida no estuviera en juego. El debate, aquí y aquí.

lunes, 8 de septiembre de 2008

Nada más para decir

Defensa y Chile, San Telmo.

Salta y Av. Independencia, Constitución.

Almacén en Defensa y Av. Juan de Garay, San Telmo.

El baño de una panchería en Almirante Brown y Brandsen, La Boca.

jueves, 4 de septiembre de 2008

No se qué, pero me gusta

Las calles están llenas de “cosa rara”. De ese “no se qué” que de pronto te sorprende, te estremece, te roba una sonrisa, te asusta, te enciende, te embronca. Los intentos de levante no se quedan afuera. Son así. Inesperados. Te hacen reír, pero a veces dan miedo. Te sonrojan, pero a veces dan bronca. Y suceden en los lugares más insólitos: en la parada del colectivo, en un hospital, en un kiosco, en el banco de en una plaza, mirando una vidriera, fumando cinco minutos en la puerta de un edificio libre de humo...

La primera vez que me pasó en Buenos Aires fue mientras hacía la combinación del subte D al B. En medio del incesante hormigueo se me acercó un hombre, de unos 30 o un poco más. Tez blanca, flequillo lacio peinado al costado y cara de “soy pícaro pero vos no te vas a dar cuenta”. “Hola”, me dijo. Lo miré, no lo reconocí, supuse que no era para mí y volví a lo mío. Repitió el saludo. Lo miré otra vez, con cara de asombro, sin mediar palabra me señalé a modo de pregunta: “¿Me hablás a mí?”. Y aprovechó: “¿Cómo te va?”. Le contesté que bien, pero que me parecía que estaba confundido. “No, no, ¿sos muy linda sabías? ¿Cómo te llamás?”. Entonces entendí.

Primero me dio gracia. Sonreí, le agradecí el cumplido y seguí caminando. Insistió: me siguió por los pasillos del subte, las escaleras, el amontonamiento y demás. Entonces me asusté. Caminé más rápido. Y volvió a insistir una y otra vez: “Tu teléfono, tu nombre, ¿no me decís?”. Hasta que me puse roja de la ira y me frené: “Loco, no te voy a decir ni mi nombre ni mi teléfono ni nada. Estoy apurada”. Más allá de la extraña metodología del tipo, me embronqué porque sabía que me había cruzado en su camino justo cuando a él se le ocurrió probar suerte. Y peor aún, me lo hizo saber. Estaba tirando el anzuelo al azar para ver si alguien picaba. Y yo le había sonreído.

Hace poco hice una nota sobre escuelas de seducción, esas que te aseguran el éxito de la conquista y que ahora están de moda (en Buenos Aires hasta lo más insólito está de moda). Y resulta que una de ellas, pensada exclusivamente para hombres, enseña técnicas de “pesadeo”, para practicar adonde vayan. ¿La consigna? Al menos 20 intentos (insistentes) de levante por semana. Así nomás, al azar, estés donde estés, te crucés con quien te crucés. El ejercicio es para hombres tímidos –dicen- que no pueden, o no se animan, a encarar una mujer.

¿Y el levante? El de verdad, digo. El tímido, pero espontáneo. El langa, pero divertido. El versero, pero convincente. El simple, pero ingenioso. La “cosa rara”, pero que llama la atención. El “no se qué”, pero me gusta.

martes, 2 de septiembre de 2008

Pura coincidencia

Caricaturesco y divertido, pero con un desenlace que de repente pone la piel de gallina. Este corto experimental de Norman McLaren, llamado "Neighbours" (Vecinos), data de 1952, año en el que además ganó el Oscar por mejor animación. Una perfecta representación de la violencia y la guerra, mostrada de forma simple y hasta ridícula, pero no por eso menos perturbadora. Cualquier similitud con la realidad actual es pura coincidencia.

domingo, 31 de agosto de 2008

Mariposas



Despegan las mariposas
Desde un lugar de la naturaleza
El viento las acaricia
Su danza llega lentamente
Y pinta destellos en mi adentro
Líneas entonces han sido trazadas
Cierro los ojos
Y sonrío

Desde un lugar
Vuelan mariposas
Llegan por los vientos
Puede ser algo
Puede ser también
Que he abierto los ojos
De la percepción
De lo que vale sentir

Creo haber sentido mi presencia
Entonces baile
Entonces quise suceder
Por calles por mundos
Hablando lenguajes imposibles
Hasta entonces

Desde un lugar vuelan mariposas
Desde un lugar
Hablo la natura
Creo haber escuchado
Siento ahora
Camino y siento las rocas
Que me rodeaban
Caer y ser nubes
Estoy en el cielo de mi propio camino
Creo que encontré algo importante
Desde un lugar vuelan mariposas
Creo escuchando los gestos
En una parte de este campo
Creo, creo haberme encontrado
Y más allá de todo
Creo que también te encontré

Desde un lugar vuelan
Mariposas
Creo que te vi bailar
En medio de los campos
De los campos de mí.

Nota: La letra es de mi amigo Wayra, músico y compositor jujeño, de Tilcara. En su canto, en su música y en su poesía siempre está presente la Pachamama, la Madre Tierra. Agosto es el mes de la Pachamama, época de preparación de la siembra. Por eso comparto, antes que termine el mes, esta letra que en breve tendrá música, y con ella vendrá una nueva cosecha.

jueves, 28 de agosto de 2008

Llorar

Llorar. Por amor, por bronca, por alegría, por placer, por desdicha, por engaño, por compasión, por emoción, por hacer el ridículo, por nostalgia, por impotencia, por tristeza, por dolor, por ternura, por justicia, aunque sea tarde, por desgaste, por alcanzar el objetivo, por culpa, por injusticia, por cobarde, por la muerte, por la desaparición forzada, por tortura, por el robo de bebés.

Pero este llanto, ¿de qué es?



Foto: La Gaceta

miércoles, 27 de agosto de 2008

Quero, quero, queroseeeeeeeeeénnnn

Las luces de los autos que pasan por la calle, 10 pisos abajo, se reflejan en el cielorraso blanco. Manchones rojos, amarillos, azules… pasan por la avenida de mi techo, pese a que la cortina está cerrada. Medio dormida y con la borrachez despeinada de la mañana temprano, no distingo de dónde provienen esos retazos de luz que se mueven rápidamente. Hasta que descubro la rendija milimétrica que ha quedado al descubierto de la gruesa cortina.

A las luces le siguen los ruidos insoportables de los motores, bocinazos y frenadas de la hora pico, allá abajo y al mismo tiempo en mi almohada, ahí nomás, donde apoyo la oreja. Y sin querer se cuela un recuerdo: el despertar en mi casa de Tucumán, bien de barrio, lejos de cualquier avenida, de cualquier bocinazo o frenada, donde los únicos ruidos válidos son los gritos de la vecina de enfrente cuando caga a pedos a su hijo.

Pero mi recuerdo de esa mañana no es del despertar habitual de mi casa en Tucumán. Mi recuerdo tiene que ver con uno más esporádico, pero no menos perturbador. Uno que desde que tengo uso de la memoria pasa cada meses, aún cuando uno ya se olvidó de su existencia: “Quero, quero, queroseeeeeeeeeénnnn", repite, a los gritos, una y otra vez. Hasta que se pierde a la vuelta de la esquina.

Es el querosenero que tanto odiaba los sábados, después de una noche agitada. Es el hombrecito que pasa en su carro, arriando a un caballo flaco, ofreciendo querosén en bidón. La última vez que fui a Tucumán, hace un mes y medio, me despertó de nuevo el muy cabrón. Pero esa vez sonreí, y disfruté que sea él quien me haya despertado.


Nota: ¿Será que alguien, todavía, le compra querosén?

lunes, 25 de agosto de 2008

El fantasma


Habla verborrágicamente. Incoherente, además. Con convencimiento, pero derrochando necesidad. Necesidad de ser escuchado. Tanto que pareciera que no habla nunca, que nunca nadie lo escucha. Entonces, ahora que alguien le presta atención y le pregunta si lo que toma es mate, tiene que aprovechar, y hablar, y hablar, y hablar.

Es un hombre menudo, de 71 años. Barba espesa, cabello largo gris (o blanco pero sucio, quizás), uñas largas, algunos dientes de menos y un mate amargo improvisado: vaso de telgopor (como los de café que venden algunos puestitos ambulantes), pajita blanca con rayitas rojas, y el agua caliente dentro de una botella de vidrio, envuelta en papel de diario y telas, cubiertas a su vez por una botella descartable cortada por la mitad. “Es para mantener la temperatura”, me explica, antes de comenzar con su catarata de palabras sin sentido.

Pero pasemos en limpio algunos detalles: el hombrecillo vive en las calles de San Telmo, es peronista y habla de Perón como un padre. “Pero un padre en serio, ¿eh? No como los padres modernos que no les dan bola a sus hijos”, aclara. Pero además, fue perseguido por los milicos en los años de plomo y asegura que no sabe cómo es que sigue vivo. “La vida es larga, la pucha que es larga…”, dice, como deseando no haber seguido vivo para contar más nada. “Total, ¿para qué? Si ya nadie me escucha”.

Cuando le dije que me tenía que ir, me hizo un gesto con la cabeza, como asintiendo, como comprendiendo el abandono. Y se quedó ahí como un fantasma, sentado, con su improvisado mate en la mano, mirando cómo la gente pasa por la Plaza Dorrego, un domingo a la tarde, sin siquiera mirarlo.

sábado, 23 de agosto de 2008

Secretos de un telo

¿Hay algo más intrigante que un telo? Pero no hablo de visitarlo de canuto, bajar del auto sin que nadie te vea y encerrarte en una habitación desocupada. Me refiero a sus entrañas, a sus recovecos, a lo que sucede detrás de esas paredes sudadas, a sus historias, a sus secretos…

Una vez, en Tucumán, entrevisté a una Madama. Irma, se llamaba. Irma Abraham. Le decían “la Turca”, era dueña de tres telos y vivía en el fondo de uno de ellos, en una pequeña habitación, de paredes corroídas. Eso sí, tenía una enorme cama de dos plazas y un baño sugestivo, impecable, con un jacuzzi más grande que el sucucho mismo donde se refugiaba.

También recorrerí ese telo que hacía de carta de presentación de su casa. Venía a ser algo así como su jardín de enfrente, como su zaguán, como el living para recibir a las visitas. Los pasillos internos, por donde sólo circulan los empleados, parecían una especie de laberinto de cuento, en el que cada sendero te lleva a descubrir incógnitas que, aunque silenciosas, están ahí, se respiran.

Hace dos días volví a recorrer un telo por dentro. Caminé por sus pasillos, espié cada una de sus habitaciones, toqué cada una de sus camas, me miré ante cada espejo desparramado por doquier. Es el ex telo "Pussy-Cats", un viejo edificio de tres plantas, ubicado en Palermo, que un grupo inmobiliario está a punto de demoler para construir una torre de 22 pisos. Y como quieren promocionar su emprendimiento, decidieron realizar una muestra de arte erótico en cada una de sus habitaciones.

Y ahí estaba yo, para hacer una nota de la muestra y ayudar a la inmobiliaria a promocionar la torre cool que vendrá, a costa de demoler esas intrigas, esos secretos. Tuve ganas de llorar.

jueves, 21 de agosto de 2008

¿Quién da más?

Mi colega tucumano Rafa, al que no veo hace años (¡nos volvimos a comunicar a través del blog!), me sugirió sacar la opción “verificación de la palabra”, algo que ni cuenta me había dado que se podía hacer. Es que, según su consejo, los blogger se me van a “colgar al cuello” si tienen que hacerlo cada vez que quieran dejar un mensaje. Y tiene razón. ¿Hay algo más embolante que copiar esas letras amorfas que, encima, a veces ni se entienden? Más que colgarse a mi cuello, seguro que muchos prefieren no dejar mensaje alguno.

Entonces, repasemos: ya sé lo que es un “header”, aprendí a subir videos de YouTube y a cargar fotos, y también tengo contador de visitas. Pero además, acabo de sacar la opción de las letras amorfas. ¿Quién da más?

miércoles, 20 de agosto de 2008

Blogger, ¿yo?

Esto de empezar a hacer un blog no es poca cosa como me hicieron creer, che. Todos los días tengo que aprender algo: que subir una foto, que el video de YouTube, que el header no sé qué, y toda la marencoche tecnológica a la que venía –con éxito- resistiéndome.

Pero me ganó, nomás. Y si antes no podía pasar más de lo justo y necesario frente a la compu, hacer lo que tenía que hacer (rapidito nomás porque me agarraba la desesperación), y rajarme boquiabierta como cuando me ahogo en el subte en hora pico, ahora me quedo hoooorasssss. En el trabajo, todo el día frente a la compu. Salgo del trabajo, y de nuevo, la compu. Y ahí me quedo, “ututeando” internet (como decimos en el norte para decir curioseando, toqueteando o, simplemente, chismoseando). Y ahora, claro, quiero aprender las funciones de mi blog.

Ya subí una foto, solita, sola. La busqué en Google, la bajé y la colgué (ta lindo el piragüitas, ¿no?). También elegí el video, y mi colega Juan Pablo me ayudó a cargarlo y me enseñó el secretito ese para que, cuando hagan click en un link, se abra otra página y no abandonen mi blog. Ayer inauguré mi contador de visitas (¿lo vieron? Abajo, a la derecha, ¡y los colores hacen juego con mi blog!). Y hoy… ¡Ah! Hoy tengo header. Para los desentendidos que visitan mi blog por pura amistad conmigo nomás (yo aprendí el término hoy), el header es la imagen de las caretas que está en la cabecera del blog. El contador y el header son obras de mi cumpa Payito. Eso sí, poner las caretas que representan al teatro fue idea mía.

martes, 19 de agosto de 2008

La cagué, nomás




La mayoría de las veces que llueve parece que se cae el cielo en Buenos Aires. No hay paraguas que dure. Terminan dados vuelta, con el forro arrancado del sostén de metal por un bruto viento que, encima, aparece de pronto.

Una vez, en un examen preocupacional, la psicóloga laboral me hizo hacer ese fastidioso dibujo de la lluvia, para saber cómo me protejo de esa situación. “Esta vez la cago (a la psicóloga)”, pensé, harta de hacer siempre el mismo dibujito con el paraguas cada vez que consigo un laburo nuevo. Y me quise hacer la original: hice el mismo dibujito, pero con el paraguas roto por culpa del viento porteño. Y encima lo titulé: “Un día de lluvia en Buenos Aires”.

Es que de verdad si hay algo que siempre me llamó la atención de la lluvia en Buenos Aires fueron los paraguas rotos en los tachos de basura de cada esquina, la gente peleando para que no se de vuelta, y yo, con mi humilde paragüitas, siempre llevando las de perder.

Y la cagué, nomás. Pero no a la psicóloga. La muy boluda ni cuenta se dio de la originalidad de mi dibujo. Ni una mención a lo que para mí forma parte del paisaje porteño, de su identidad. En cambio, me dijo que todavía no me hallo en Buenos Aires, que no había hecho “mi lugar” en esta ciudad, y que esperaba que pronto pueda apropiarme de mi vida aquí. Salí desconcertada. La propuesta laboral era importante y, paradójicamente, era el motivo por el cual decidí mudarme a Buenos Aires. ¡Qué psicóloga boluda!

sábado, 16 de agosto de 2008

Mucho, mucho ruido



Aunque miremos para otro lado. Aunque nos moleste. Aunque no nos animemos a escucharlo o nos obliguen a no hacerlo. El ruido está ahí, siempre. “Ruido mentiroso, ruido entrometido, ruido escandaloso, silencioso ruido”, una buena imagen de Sabina para retratar en palabras lo que este corto experimental muestra a través de sonidos (ruidos). El corto documental se llama “Los Changuitos” y fue filmado en Tucumán. ¿Nos tomamos cinco minutos para escuchar ese ruido (mucho ruido) al menos por única vez?

miércoles, 13 de agosto de 2008

Tachero enojado

La primera vez que manejé en Buenos Aires me asusté. Y no por no conocer las calles, o por temor a chocar el auto ajeno, o por no saber cómo coño pagar el estacionamiento con esas máquinas tragamonedas que en las provincias no existen. Me asusté por la reverenda puteada que me pegó un tachero: “¡¡¡Hija de mil putaaa!!! ¿Que no ves pedazo de mierda que no tenés lugar para pasar? Te voy a reventar el auto conchudaaaaa”. Estaba enojado el señor. Muy enojado. Tanto que después de que se me pasó el miedo y la culpa pensé que ese tipo, en realidad, no estaba enojado porque le corté el paso en medio de un atasco.

lunes, 11 de agosto de 2008

Piropo negro

Bajé corriendo como todos los días. Diez o tal vez cinco minutos antes de la hora a la que entro a trabajar a 15 cuadras de casa. Iba en mi mundo, como siempre, mirando el reloj cada minuto y medio. Visualizando el camino sin mirar, en medio del amontonamiento de gente que cada vez copa más las callejuelas de San Telmo.

Aunque no los mire. Aunque sólo me preocupe esquivar a los turistas que pasean con una letanía que da bronca. Aunque sólo me interese ganar la carrera contra el semáforo de la avenida Independencia. Me conozco cada baldosa de memoria, cada adoquín, cada pozo. Sé con precisión cuándo tengo que esquivar al chico que me pregunta siempre, pero siempre, si vengo a hacer el documento cuando subo hasta Defensa por Humberto 1º; al hombre barbudo vestido de camuflaje con mirada que asusta; al señor petiso de panza prominente, casi caricaturesca, que cuida coches en Defensa y Carlos Calvo; a la mujer que vende Hecho en Buenos Aires, en Defensa y pasaje San Lorenzo.

Nunca, nunca, algo me saca de ese mundo, de esa rutina. Ni siquiera los piropos, tan iguales todos. Hasta ayer. “Qué lindo te queda el negro, sólo te falta llevar de la mano a un negro como yo”. Llegaba tarde, pero me frené y me di vuelta para mirar a ese negro que continuó su camino, como si nada hubiese dicho, como si nada le hubiese llamado la atención en su camino, ni siquiera mi vestimenta negra, de los pies al cuello.

Y seguí caminando. Riendo. Recordando los piropos groseros a los que cada esquina de Tucumán me tiene acostumbrada. A los menos bizarros que escucho a diario cuando camino a las apuradas hasta el diario por San Telmo. ¿Sabrá este negro que los negros me atraen más que los rubios? Aunque no los mire.