sábado, 21 de noviembre de 2009

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Me la creí

Dicen que pisar el acelerador es fácil, sobre todo cuando la ruta es recta y sin tráfico. El problema, dicen, es frenar a tiempo en caso de que, de repente, cruce un animal de gran porte. Dicen también que en la ciudad es fácil girar a la derecha, pero que si no hay semáforos se complica dar un volantazo hacia la izquierda. Dicen que si manejás hablando por teléfono o con algunos tragos encima no tenés los mismos reflejos que estando sobrio y atento al camino. Dicen que si andás en moto y no llevás casco, probablemente te rompas la cabeza en caso de tambalear y caer al pavimento. Dicen que en las diagonales, si no las conocés bien, podés perderte. Y que si no vas atento en la autopista podrías tomar la bajada equivocada y andá a encontrar el camino de retorno. Dicen que estacionar es lo más complicado, sobre todo si el espacio libre mide apenas unos centímetros más que tu vehículo. Dicen que las mujeres son un peligro al volante, que los tacheros son fachos y que los bondis se cruzan cuando se les antoja. Dicen que si no tiene cambios, la bici es pesada y las subiditas te matan. Dicen que tenés que comprarte un buen candado para que no te la roben, llevar ojo de gato en la mochila y que la mejor hora para andar es a la noche. Dicen que los guardabarros te protegen la ropa y que el canastito es para ñoños. Dicen que no hay nada más romántico que llevar a una enamorada en el caño de la bici. Dicen que dicen y dicen también que me tengo que comprar una bici ya, que los días están buenísimos para andar y que el verano sin bici no da. Y yo me la creí.

jueves, 5 de noviembre de 2009

Naturaleza muerta

Las frases de su boca se desparraman como hojas secas. Sus frutos maduros estallan quietos, inertes, como el despertar mismo de sus ojos marchitos. Su rostro pálido cae, como la fertilidad castrada de una mesa plegada. Sus cabellos se expanden al unísono del correr del tiempo arrabalero, impreso en las callejuelas oscuras y carcomidas. En el medio, su cintura se planta en la maceta cristalina, verde y sombreada; mientras las piernas bailan en el viento tenue, sofocante y herido. ¡Ay corazón tintineante! Impúdico, desterrado y aburrido. Como el andar mismo de su naturaleza muerta.